La historia de nuestra casa

Un emigrante, de la zona de Buenos Aires, regreso en 1910 y construyó la casa de dos plantas, cuando lo normal en las aldeas era de sólo una: el motivo era que le gustaba una chica que no le hacía caso y el pobre hombre se gastó el dinero, pero no consiguió su objetivo sentimental, por lo que regresó a Buenos Aires para siempre, dejándola para uso escolar de la Parroquia a cambio de un pequeño alquiler. Por ella pasaron varias generaciones, por lo que tiene muchos recuerdos para las familias de este lugar. Fue restaurada en 1997.

En su entorno se encuentra una estación rupestre: petroglifos, mámoas, castro, etc…

Es una zona muy tranquila para el descanso, paseos y visita a los ríos donde funcionan los molinos de agua como hace cientos de años.

La casa tiene todas las habitaciones con calefacción, baño, DVD, teléfono y TV, y un amplio salón con la chimenea típica. Muy bien situada para ir a las maravillosas playas de toda la comarca del Barbanza. Las próximas a diez minutos, y las ciudades de Santiago, 30; A Coruña 50; Ferrol a 60; Lugo, 80; Ourense, 85; Pontevedra, 25; Vigo, 30; Finisterre – Costa da Morte, 49; a Portugal 50.